Cuando ser bueno no es suficiente

Por anaadmin,

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Hemos aprendido que un cierto nivel de exigencia nos ayuda a progresar y alcanzar nuestras metas pero, ¿cómo saber cuando nos estamos exigiendo más de lo que podemos asumir?

Nuestros proyectos se van materializando mediante nuestra voluntad y teniendo en mente unas metas u objetivos sin distraernos demasiado. Hasta aquí todo nos resulta familiar pero, ¿a qué señales tenemos que prestar atención? Nos tienen que saltar las alarmas cuando aparece un diálogo interno dañino y nos decimos que no estamos a la altura, a pesar de estar poniendo una cantidad de esfuerzo y energía grandes en lo que nos proponemos. También si a pesar de conseguir buenos resultados corroborables de forma objetiva no nos parece suficiente y siempre podríamos haberlo hecho mejor. Si nos comparamos con un ideal poco realista y que roza la perfección. Si percibimos que empezamos a pasar por alto de forma sistemática nuestras necesidades de descanso y de vida personal tal vez nos estemos exigiendo demasiado. Además si notamos algún síntoma como agotamiento por estrés, ansiedad, apatía, irritabilidad, normalmente aderezados con una baja autoestima, tenemos que pararnos a pensar que tal vez nos estemos exigiendo demasiado.

El caldo de cultivo para nuestra autoexigencia es una sociedad que promueve la competitividad orientada al éxito, donde lo bueno no es suficiente; siempre se puede ser mejor. Este exceso de exigencia y positivismo hace que nos marquemos metas demasiado altas. Estas metas no tienen límites, nuestra deseo de éxito es insaciable, y por mucho que mejoremos nuestro ideal serán tan alto y tan perfecto que siempre saldremos perdiendo en la comparación. Siempre se puede ser más listo, ser más rico, más delgado, más poderoso, mejor. Es como ir corriendo detrás de una zanahoria que se va alejando mientras más nos acercamos, como un juego de espejos donde perdemos la perspectiva y vamos persiguiendo un ideal imposible de conseguir. Y esta carrera sin fin donde sobre-explotamos nuestros recursos personales nos pasa factura tarde o temprano, causando todo tipo de desequilibrios y síntomas psicológicos.

A veces nos sentimos atrapados y cambiar no es fácil, aunque puede conseguirse con un buen trabajo psicoterapéutico que nos sostenga en el proceso de cambio. Lo primero es tomar conciencia de lo que nos ocurre y darnos cuenta de todos los mecanismos que se accionan cuando dejamos de estar satisfechos por mucho que consigamos. Una vez comenzado el camino, nos llevará hacia un lugar más amable, más libre.

Respétate, cuídate

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