De la Explotación de Uno mismo

Por anaadmin,

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Como observadora privilegiada en mi consulta, en estos años vengo observando el como se repite una forma de estar en el mundo. “Otra persona más víctima de la explotación de sí misma” pienso mientras veo enfrente de mí a alguien destrozado. Veo a personas que se han exigido tanto a sí mismas y se han hecho trabajar tan duro que han acabado sumidos en la depresión y la ansiedad, ¿te suena de algo?

Si echamos un vistazo a nuestro alrededor, tal vez en nuestra propia vida, seguramente conocemos a alguien que ha dejado de salir con sus amigos porque tiene que estudiar mucho, o alguien que trabaja y además va a clases, al gimnasio, que duerme poco, come rápido, porque “tiene muchas cosas que hacer”. Incluso llegan a “presumir” de ello, “estoy trabajando en mí mismo, para llegar muy alto hay que trabajar duro, para ser el mejor, el más delgado, el más exitoso, el más rico”. Trabajo, trabajo y trabajo… el trabajo es como una marea que sube y lo inunda todo. Nos explotamos a nosotros mismos, con buena intención, eso sí, por pensar que “es bueno para nosotros”, para nuestro éxito en la vida, para nuestra carrera y para sentir que estamos haciendo lo que se espera de nosotros en nuestra sociedad.

El filósofo contemporáneo Byung-Chul Han nos habla de la sociedad del agotamiento. Es la sociedad del “sí se puede”, donde la persona se convierte en esclava de sí misma a través de la autoexigencia de rendimiento impuesta por la cultura actual. En esta sociedad del “yes, we can” y del pensamiento positivo se ve al individuo capaz de rendir ilimitadamente; si se quiere, se puede. Así, se premia al que trabaja y rinde hasta el infinito, encadenando una acción con otra sin descanso, sin parar a escucharse a uno mismo.

El ritmo natural es el de alternar el hacer con el no hacer, igual que el día se alterna con la noche y las partículas del átomo tienen valencia positiva y negativa. Restaurar el equilibrio reside en este hacer/no hacer, tener espacios donde “no hago”, donde me aburro, donde observo… es ahí donde descanso, donde de este estado contemplativo surge mi creatividad; donde escucho a todo mi ser y a lo que me rodea.

Mientras trabajamos y realizamos nuestra interminable lista de tareas, no disfrutamos de nuestras relaciones personales, ni respetamos nuestras necesidades de descanso físico y mental, de cuidar nuestro cuerpo, de dormir lo suficiente y disfrutar del ocio, de “desconectar”. Perdemos el equilibrio y la homeostasis sana entre trabajo y descanso. Nos convencemos una y otra vez de que es lo correcto, aunque cada vez nos cuesta más dormir, nos sentimos más nerviosos, más sensibles, más tristes, más solos, cada vez tenemos menos tiempo para dedicarles a las personas que queremos… en un estado de agotamiento físico y mental.

Llegados a este punto hay que parar y preguntarse ¿merece la pena vivir así? Nunca es tarde para reinventarnos, sobre todo si en el camino nos recuperamos a nosotros mismos.

Ana Moreno Herrero Psicóloga Clínica

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  1. Muy buena reflexión.Yo me la hice hace tiempo .Cuando pasaron unos días , casi todo lo que cambió , volvió a repetirse . Creo que no se puede vivir tan deprisa. Si lo consigues dame un toque.. No he vuelto a fumar!!Algo es algo!!


    • Muchas gracias por tu comentario Esperanza, y por compartir tu experiencia! Creo que esto es un camino de desarrollo personal que puedes elegir seguir y que se va produciendo de forma progresiva en el tiempo, aunque a veces hay circunstancias en la vida que pueden hacer que ocurra de forma más radical. Enhorabuena por haber dejado de fumar! Un abrazo.

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