Esa vocecita interior

Por anaadmin,

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A veces somos nuestros peores enemigos y de la misma forma podemos ser nuestros mejores amigos. ¿Qué contestarías si te preguntara qué relación tienes contigo mismo?

Tal vez no te hayas parado a pensarlo o tal vez sí que eres consciente de la forma en la que te hablas a tí mismo. Fíjate qué te dice esa vocecita interior cuando cometes pequeños errores… Se te ha hecho tarde, o no has cogido el paragüas aunque sabías que iba a llover, ¿lo pasas por alto, te ries, o por el contrario te increpas a tí mismo diciéndote que eres un desastre? Atención a este diálogo interior ya que el desprecio, el ninguneo e incluso la violencia deteriora progresivamente nuestra autoestima y nuestra confianza, compañeras sin las que nuestra motivación se desinfla sin remedio. Imaginaros las consecuencias.

Te voy a proponer un ejercicio: durante el día de hoy presta atención a tu diálogo interior; qué tono de voz utilizas, qué tipo de palabras eliges, ¿dirías que eres amable y comprensivo o eres implacable y crítico contigo mismo? Este ejercicio de introspección es el primer paso para mejorar esa vocecita interior. Si no estás acostumbrado a hacerlo puedes empezar con cinco minutos al día y luego ir aumentando hasta que te salga de forma natural.

Una de las preguntas que nos surge cuando empezamos a fijarnos en nuestro diálogo interior es: ¿de dónde vienen esas voces? Cada uno de nosotros somos un mosaico de experiencias relacionales. Un sinuoso viaje al pasado nos podría iluminar y descubrir donde hemos aprendido esas maneras de tratarnos, esas palabras. Este mosaico multicolor se compondría de experiencias con personas significativas para nosotros como nuestros padres y familiares, amigos, maestros y compañeros del colegio, compañeros de trabajo y jefes y como no, parejas. Una profunda comprensión de nuestra historia nos puede ayudar en la ardua tarea de desactivar esas voces que nos increpan y vuelven a meter el dedo en una herida que, si bien fué causada hace tiempo, va haciéndose más profunda con cada nuevo embite. No debemos ser cómplices y observar desde la barrera como esto ocurre, por el contrario debemos hacernos cargo de nosotros mismos, y ya. De la misma forma que no permitiríamos que alguien nos zurrara en público, el permitir de forma acrítica que estas voces nos hagan daño supone una negligencia en el cuidado hacia nosotros mismos. Cierto es que este camino de autoconocimiento y sanación no siempre es fácil hacerlo solos, y si esto es así podemos buscar ayuda en los profesionales que llevan tiempo dedicándose a esta tarea y proveyendo un lugar seguro donde conocernos y atrevernos a cambiar. No es fácil, pero es necesario.

¿Acaso no eres la persona más importante para tí mismo?

Y también la que tiene más influencia sobre lo que piensas, sientes y haces.

Conviértete en tu mejor aliado.

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