La sociedad postmoderna: Inmediatez vs. Procesos

Por anaadmin,

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Hace un par de semanas asistí al I Simposio de Psicoterapia en Sevilla donde reflexionamos sobre varias cuestiones que quería compartir con vosotros. ¿No es maravilloso que los humanos podamos compartir ideas que cambien nuestra percepción de lo que nos rodea?

Muchas veces lo evidente quedan en segundo plano, y esta falta de conciencia nos arrebata la libertad de elegir. Como el ser arrastrados por la rapidez con la que ocurre casi todo hoy en día. Como el ser bombardeados con millones de estímulos e informaciones que no tenemos tiempo de asimilar. Vamos saltando de un pensamiento a otro, de una relación a otra, cada vez más rápido. Por eso que tengas la oportunidad de pararte a pensar tiene tanto valor.

El otro día una buena amiga me decía: “para conocer a alguien necesitamos tiempo, tiempo para hablar con esa persona, que nos cuente sus cosas, tiempo para ver cómo reacciona ante distintas situaciones..” creo que señaló algo evidente, ya que para profundizar en el vínculo necesitamos tiempo, el tiempo sostiene el proceso, y no se puede acelerar..

El filósofo español Daniel Innerarity nos habla de un mundo gaseoso, donde las situaciones y circunstancias se dan de forma efervescente: igual que aparecen y toman fuerza de forma muy acelerada, se disipan rápidamente desapareciendo tan rápido como aparecieron. Y esto vale tanto para relaciones personales como para la forma de hacer las cosas y la poca permanencia de las ideas y objetivos en nuestra mente. El exceso de información que circula hoy en día produce la saturación del individuo, ya que nuestras mentes cuentan con recursos limitados y no pueden asimilar la cantidad de información que se vierte sobre nosotros. Así, el resultado sería paradójicamente la indecisión y el estancamiento.

Somos súbditos del reinado del presente acelerado, donde la información y las circunstancias van cada vez más rápido. Se da valor a la inmediatez, a la rapidez, y lo que nos produce incomodidad o no cumple nuestras expectativas, es rápidamente sustituido o abandonado. El proceso es visto como una molestia, un obstáculo a nuestra voracidad de placeres inmediatos.

Pero negar el proceso como camino de desarrollo nos posiciona en la no responsabilidad hacia nosotros mismos y nuestro lugar en la sociedad. Tiro una piedra a ver si acierto en ese momento.. y sino dejo de intentarlo. Hay deseo de conseguir lo que queremos inmediatamente, y sino lo conseguimos aparece la frustración y el abandono. No hay proceso, “lo quiero ahora, lo quiero ya”, y todo esto nos deja mal equipados para desarrollar nuestro proyecto vital.

Necesitamos construir unos cimientos estables, que haya situaciones predecibles, una regularidad y cierta estructura que nos aporte la confianza para seguir construyéndonos a nosotros mismos y a nuestros vínculos con los demás. También necesitamos entender que los procesos requieren ritmos más pausados, requieren “tiempo”. Por ejemplo, si quieres aprender un idioma, tienes que mentalizarte de que llevará un tiempo aprenderlo, y que ese aprendizaje será un proceso donde tendrás que asistir a clases, estudiar, hacer ejercicios en casa, e ir progresando a lo largo de las semanas. Un camino de pasos de hormiguita que, sin darte cuenta, se irán acumulando y conformando pasos cada vez más grandes hacia tus deseos y el sentirte realizado.

¡Pero cuánta alegría me da ver que voy avanzando! No hay mayor placer que mirar atrás y ver el camino recorrido, y que cada vez estamos más cerca de lo que resuena con fuerza en nuestro interior…

Autora: Ana Moreno Herrero, Psicóloga Clínica.

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