Mi plan por encima de mí mismo

Por anaadmin,

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¿Has sentido una mezcla de decepción, culpa y frustración cuando tus planes no han salido exactamente como habías pensado?
A menudo actuamos como si fuéramos el único responsable de todo lo que nos ocurre, tenemos la ilusión de que controlamos todos los factores y desencadenantes de nuestras circunstancias. Nos recreamos en planificar con todos los detalles cómo debería ser nuestra vida. Un puesto de trabajo en esa empresa concreta, la edad a la que deberíamos estar casados o cuándo tenemos que acabar los estudios, ¿te resulta familiar?

Este exceso de control que nos ayuda por un lado a calmar nuestras inseguridades y miedos acaba costándonos muy caro ya que de alguna forma sentimos que somos los últimos responsables de todo lo que nos ocurre. Pensamos que, si somos capaces de moldear nuestras vidas, lo que vaya sucediendo será en último caso nuestra responsabilidad. Y esta gran responsabilidad acaba poniendo un peso muy grande sobre nuestros hombros y la subsiguiente culpa cuando las cosas no salen según nuestro plan. Desde nuestra perspectiva, sentimos que podemos controlar situaciones que en realidad se escapan a nuestro alcance. Esto si se alarga mucho en el tiempo desemboca a menudo en síntomas psicológicos por la gran carga emocional y mental que supone.

¿Quiere decir esto que no tenemos influencia alguna sobre nuestras vidas? Vivimos en sociedades con complejos sistemas de organización, donde compartimos escenarios sociales con muchas otras personas, por lo que difícilmente las cosas que me van sucediendo van a depender exclusivamente de mi influencia. Cuando intentamos estudiar cualquier fenómeno social o psicológico, vemos que como mínimo aparecen unas cuarenta variables que habría que cuantificar, para lo que, por otro lado, ni siquiera contamos aún con instrumentos estadísticos lo suficientemente potentes para captar nuestra compleja realidad. Siendo así, podemos pensar que hay una parte que sí depende de nosotros, las acciones que están bajo nuestra influencia directa, pero por otro lado muchas circunstancias se deben a factores externos a nosotros. Así, somos un planeta que gira sobre sí mismo, pero que a su vez forma parte de un sistema solar con más cuerpos celestes que le influyen con sus fuerzas gravitatorias.

Muchas veces este intento de acotar y controlar nuestras vidas responde a un miedo a la incertidumbre y a la falta de confianza en nuestras propias capacidades de adaptarnos a lo que venga, lo que intentamos compensar teniéndolo todo lo más controlado posible e intentando prever cualquier detalle que nos pudiera pillar desprevenidos. Nos decimos: “si planifico lo suficiente y me anticipo estaré preparado para cualquier peligro”. Nos sentimos más protegidos así, pero paradójicamente viviremos múltiples escenarios negativos o catastróficos, que a través de nuestras neuronas espejo viviremos y sentiremos casi como reales. Sufriremos inútilmente imaginando un futuro que probablemente será menos malo de como hemos imaginado.

Caminante no hay camino, se hace camino al andar” decía Antonio Machado, y es que hasta que no comenzamos un camino no sabemos exactamente a dónde nos llevará. Y en este camino podemos ir sintiendo y pensando cuál es la dirección que en ese momento resuena mejor en nuestro interior. Si actuamos con creatividad y espontaneidad seremos libres de escoger lo que más necesitamos en ese momento vital, contando con toda la información y opciones de ese preciso instante, sin que un plan inflexible nos condene a seguir un camino que no concuerda con nuestro ser en ese momento concreto de nuestras vidas. La creación de nuestro proyecto vital es un proceso de construcción que se hace según vamos avanzando, en ese momento presente y estando conectados con nuestras emociones y pensamientos, como un sistema de navegación que nos ayuda a decidir por donde continuar.

Los planes son como una receta, una guía que organiza mis ideas y me ayuda a dirigir mis proyectos claro está, pero al ponerlos en práctica en el momento presente se irá desplegando una realidad única sobre la que iremos trazando nuestro propio camino. Y si nuestro plan no se cumple exactamente como habíamos pensado es por eso mismo, porque solo era un plan que habíamos pensado “antes de empezar a andar”. Caminante no hay camino, se hace camino al andar.

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  1. Interesante reflexión! Saber hasta dónde podemos llegar y disfrutar haciéndolo no resulta nada fácil, mucho menos en estos tiempos de incertidumbre económica y ahora también sanitaria. A veces se necesita la ayuda de un profesional como Ana para llegar a establecernos y conseguir objetivos realistas. Gracias Ana por compartir!

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